Situada en el valle alto del Rio Palancia. Fundada por los habitantes de Bejís, perteneció a esta localidad hasta su segregación. Su iglesia es de estilo gótico renacentista. El ayuntamiento y otras viviendas fueron reconstruidos en la postguerra. Se pueden apreciar las antiguas minas de yeso. Por su término pasa un tramo del Palancia de alto valor ecológico. Rodeado de aguas aptas para el baño. Por San Isidro se abre la acequia que moja todas las calles del pueblo. Lugar idóneo para el senderismo con multitud de propuestas. La olla y el gazpacho son los platos más tradicionales. Se elaboran patés, boquerones y anchoas.
El día grande en Teresa tiene lugar con la celebración de la Festividad de San Isidro, cuando se abre la acequia de la Dehesa y baña todas las calles del pueblo. El agua surge en el rincón más inesperado en este territorio de montaña. Pero si aún queremos rodearnos de más agua, el municipio ofrece a sus visitantes la playa de Batán, con aguas cristalinas del Palancia. En el Cerro Gordo se encuentra el Refugio del Agua. Un tramo del Palancia de gran valor ecológico con especies como la trucha autóctona. Un ecosistema singular.

En Teresa las recetas tradicionales pasan de una generación a otra, y si se pregunta a sus gentes, la olla y el gazpacho son algunos de los platos más populares. En las fiestas tradicionales se toman tortas de panceta y de sardinas y de higos con nueces. Destacar los exquisitos patés, las anchoas y boquerones integrados en la industria agroalimentaria de Teresa.

Teresa tiene calles largas y empinadas, un recorrido urbano lleno de rincones por descubrir. Su iglesia, de estilo gótico renacentista, posee detalles que se pueden encontrar en la lonja de Valencia. El Ayuntamiento, la casa de los maestros y viviendas protegidas se construyeron en la postguerra a cargo de Regiones Devastadas. Recomendable la visita a las minas de yeso. Muy curiosa la leyenda que dio origen al nombre de la población.

 

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